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¿SUERTE?
Autor:
Sergio A.
Perelli
A tres días
después del terremoto de magnitud 7.0 en la escala de Richter en Haití, el país
más pobre del Hemisferio Occidental; la organización de la Cruz Roja
Internacional informó que estimaba el número de fatalidades en las 50,000
personas; pero como en el caso del Tsunami Asiático ocurrido en el Océano Indico
el 26 de Diciembre del año 2004, jamás conoceremos las cifras oficiales de la
tragedia.
El
epicentro del terremoto ocurrió a unos 15 kilómetros de la ciudad de Puerto
Príncipe, la capital de la nación afectada; en donde el 70% de los edificios han
sufrido el impacto de la destrucción; incluyendo el Palacio Presidencial, el
edificio de la Organización de las Naciones Unidas (O.N.U.) y un gran número de
escuelas y hospitales.
En medio de
la muerte y de la destrucción que traen como consecuencia éste tipo de desastres
naturales; siempre abundan también las historias increíbles de personas que han
sobrevivido por días debajo de un edificio en ruinas, sin agua, sin alimentos y
rodeados de cuerpos de familiares y amigos en estado de descomposición.
Una de las
historias conmovedoras que seguí con atención, fue la de cómo un grupo de
especialistas en rescate, trataban de liberar a Anaika, una niña de 11 años de
edad cuyas piernas habían quedado atrapadas bajo los escombros de una casa.
Su madre
que pudo escapar del derrumbe, mientras oraba por Anaika; pidió que se colocara
una Biblia cerca del cuerpecito de su hija que en ocasiones de intenso dolor
clamaba por su padre.
Después de
varias horas, la viga de acero que atrapaba las piernas de la niña fue cortada y
Anaika fue llevada a un centro de primeros auxilios; aunque el cuerpo médico
temía que su pierna derecha tuviera que ser amputada.
David
Knowles, un periodista de America Online (A.O.L.); reportando una serie de
historias similares a la de Anaika tituló su columna: “Hard Work and Luck…”
Desde la
perspectiva del escritor mencionado, lo que ocasionó el éxito de los rescates
fue el “Trabajo Duro y la Suerte”.
De ninguna
manera podemos menospreciar el gran esfuerzo de las personas que en ocasiones
como las del terremoto de Haití, dedican su experiencia, energía y mucho tiempo
para salvar aunque sea una vida de perecer.
Pero ningún
Cristiano maduro, que tiene una relación personal con Dios, que conoce Su
Palabra y que ha experimentado la mano de Su Padre Celestial en situaciones
adversas; cometerá la insensatez de atribuir su “rescate” a la hora que le
calentaba el horno de la prueba a la buena “suerte”, o al “karma”,
o a las predicciones del “horóscopo”, o la posición de algún “planeta”
o “estrella” sobre su persona.
Quizás el
Señor David Knowles y muchos de los que fueron rescatados de las ruinas de las
casas, edificios, escuelas, hospitales, etcétera, ocasionado por el terremoto en
Haití; nunca reconozcan que Jehová de los Ejércitos obró un “milagro” en
favor de sus vidas, pero yo hoy me uno al hermano de Jesús y proclamo a viva voz
que:
“TODA
BUENA DADIVA Y TODO DON PERFECTO VIENE DE LO ALTO, DESCIENDE DEL PADRE DE LAS
LUCES”. (Santiago 1:17)
¿Y Usted?
Gracia y Paz
Sergio
“Amigo de Jesús”