New Page 1
“1955”
Durante el correr del
año “1955” hubo varios acontecimientos de importancia: murió
Albert Einstein y nació Bill Gates. Elvis Presley apareció por primera vez en un
programa de televisión y se estrenó el Show de I Love Lucy teniendo como
invitado a John Wayne.
En “1955”
Ray Kroc estableció oficialmente la corporación de McDonald’s inaugurando
una franquicia en la ciudad de Des Plaines, Illinois; y Disneyland abrió sus
puertas en Anaheim, California.
Fue en el año “1955”,
que Rosa Parks rehusó dar su asiento a un hombre blanco en Montgomery, Alabama;
y asimismo el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos agregaba la frase “In
God We Trust” en sus monedas y billetes.
Pero algo más ocurrió
en “1955”:
El Miércoles 8 de
Junio, a las 7 de la tarde; estando en su apartamento, una mujer de treinta años
de edad llamada Isabel acompañada de su esposo Pablo, de treinta y dos años;
daba a luz a un varón a quien le pusieron por nombre Sergio Andrés.
Mi papá se convirtió
en el eje principal de mi desarrollo moral, emocional y cultural desde que tenía
aproximadamente cinco años hasta cuando abracé el Evangelio y Dios me abrió
nuevos horizontes.
Gracias a mi padre, a
su gran esfuerzo y sacrificio personal, recibí mi formación cívica y educacional
en excelentes colegios privados de la capital del Uruguay.
Nuestros meses de
verano eran envidiables y disfrutábamos al máximo las preciosas playas de arena
blanca que adornan la costa de mi paisito. Por muchos años, papá alquilaba por
dos meses un espacio en una playa de la capital, y éste lo ocupábamos
prácticamente todos los fines de semana con excepción de cuando se nos abría la
oportunidad de pasar unos días en la casa de playa de mi abuelo.
¡Cómo me puedo
olvidar de todos ésos largos veranos, cuando nos dormíamos y amanecíamos a
orillas del mar y de cuántos sándwiches de jamón y queso que nos comimos con las
manos llenas de arena acompañados de una botella de gaseosa bien fría, después
de haber estado horas en el agua!
¡Y cómo esperaba con
ansias el atardecer de cada día, la llegada de aquel vendedor que recorría la
playa de punta a punta con una canasta de churros rellenos con dulce de leche!
¡Cómo no recrear en
la distancia del tiempo tantos castillos de arena que desaparecían por la
llegada de la marea alta, o cuántos corazones dibujados con las palabras “Sergio
quiere a…”, pero que nunca fueron vistos por aquellas que pretendía y que al
final del día eran mutilados por insensibles que corriendo detrás de una pelota
le pasaban por arriba o quedaban sumergidos bajo las olas del mar!
Lamentablemente, a medida crecía la relación entrañable con papá; el cariño de
mi madre hacia mi persona comenzó a deteriorarse vertiginosamente. (Continuará)
Gracia y Paz
Sergio
"Amigo de Jesús"