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“1955”
Parte:
III
Uno pudiera pensar
que con el fallecimiento de mi papá, la relación con mi madre cambiaría para
bien; pero lamentablemente ocurrió todo lo contrario y empeoró.
Mi madre le agregaría
al currículum vitae de mi persona una mancha más: la acusación de que si yo me
hubiera preocupado por traer a mi padre para ser tratado de su corazón en los
Estados Unidos, él no hubiera muerto.
Y unos meses después,
un abogado en representación de mi madre me enviaba un sobre con algunos
documentos por medio de los cuales se me solicitaba la rendición de mis derechos
legales como primogénito en relación a las posesiones de mi padre.
El segundo semestre
de 1982 y todo el año de 1983, fueron tiempos de terremotos y huracanes en todas
las áreas de mi vida, los cuales trajeron como consecuencia una ruptura de
primeros amores; y en mi firme propósito de querer “vengarme de Dios”, reviví
muchos hechos negativos y tristes de varios hombres de Dios en la Biblia.
Pero, gracias al gran
amor de Dios yo también tendría mi oportunidad de “luchar con Dios” como lo hizo
Jacob aquella noche en Peniel y fue en el atardecer de un Viernes observando la
puesta del sol en el horizonte, que clamé a Dios: “No te dejaré, si no me
bendices” y después de derramar mi corazón delante de El, también puede
decir: “Vi a Dios cara a cara, y fue librada mi alma” (Génesis 32:26,30)
El pastor Chuck Smith
en su libro Porque La Gracia Todo Lo Cambia escribió:
“Usted tiene la
última palabra. Puede seguir luchando en alcanzar el cielo mediante sus
esfuerzos propios y seguir tratando por usted mismo de ser tan bueno como
Cristo; o puede depositar su fe en Jesús y entonces recibir su justificación
delante de Dios como un regalo de Su gracia.” (página 30)
Yo estaba “luchando
en alcanzar el cielo mediante mis esfuerzos propios”, atrapado en la
observancia de un día de reposo que fue establecido para los Judíos (Exodo
31:12-17) y no para los Cristianos Evangélicos; absteniéndome de comer
alimentos considerados inmundos para los Judíos (Levíticos 11) pero no
para los Cristianos Evangélicos (Hechos 10:15); y envuelto en cumplir con
otras tantas “leyes ceremoniales” (no tomar café, té, u otras bebidas con
cafeína; no usar joyas, etcétera, etcétera, etcétera) establecidas por el
hombre y no por Dios.
En realidad, por
primera vez en una década de haber recibido el Evangelio (al menos una
versión del mismo), de haber plantado dos iglesias y de tener un futuro
más que promisorio en la denominación a la cual pertenecía, yo podía exclamar:
¡FUE LIBRADA MI ALMA!
Fue en aquel
atardecer que sentado en el balcón del apartamento en que vivía en la ciudad de
Glendale, California, que la misma puesta de sol que marcaba el final de un día,
también presagiaba un nuevo amanecer, un nuevo nacimiento en mi relación con
Jesús, la luz del Sol de Justicia volvía a alumbrar mi corazón y una y otra vez
resonaban en mi mente las palabras que una vez recibiera Pablo por medio del
Espíritu Santo:
“Pero la ley se
introdujo para que el pecado abundase; mas cuando el pecado abundó, SOBREABUNDO
LA GRACIA; para que así como el pecado reinó para muerte, ASI TAMBIEN LA GRACIA
REINE POR LA JUSTICIA PARA VIDA ETERNA MEDIANTE JESUCRISTO, SEÑOR NUESTRO”
(Romanos 5:20,21) (Continuará)
Gracia y Paz
Sergio
“Amigo de Jesús”