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Culpa y Castigo – Reflexiones
por Pablo Santomauro
Terremoto en Haití
y Pat Roberson - ¿Fueron sus palabras tan controversiales?
El pasado Enero Haití
fue desvastado por el peor terremoto que sacudió el sur del país en los últimos
dos siglos. Pat Robertson, quien ha dicho algunas cosas fuera de lugar en el
pasado, también comentó sobre la tragedia en Haití. Los medios de comunicación
inmediatamente reaccionaron criticando a Robertson por sus declaraciones. Aclaro
que Robertson no es santo de mi devoción. Su marcada inclinación hacia la
Teología del Dominio y su propensión a ciertos aspectos del evangelio de la
prosperidad lo ubican automáticamente en mi lista de maestros cuestionables. A
pesar de ello, considero que en el caso de Haití, Robertson fue injustamente
atacado, aun desde el campo cristiano.
Con motivo del temblor
en Haití, Pat Robertson dijo:
“Ellos (los haitianos) estaban bajo el talón de los franceses, tú sabes,
Napoleón III o quién fuera, y ellos se juntaron e hicieron un pacto con el
diablo. Ellos dijeron: Vamos a servirte si tú nos liberas de los franceses.
Historia real. Entonces el diablo dijo: OK, trato hecho”. Robertson continuó
diciendo que desde ese entonces (siglo 18), Haití ha sido castigada por una cosa
u otra, y estableció la diferencia de Haití con la otra mitad de la isla, la
República Dominicana, nación que Robertson considera próspera en marcado
contraste con la pobreza de Haití.
Obviamente,
las palabras de Robertson fueron arriesgadas, sobre todo para la nueva
mentalidad que campea en nuestra sociedad, pero los medios de comunicación
(cristianos y seculares) no citaron el resto de lo que dijo Robertson. Su
comentario fue hecho en un contexto de compasión cristiana ante la tragedia y el
anuncio de que su ministerio estaría enviando ayuda a la zona del desastre. Esto
no vio la luz en medio de la andanada de críticas.
Respecto al
pacto con el diablo, Robertson no dijo nada que no sea de conocimiento general.
Cualquiera puede verificar el pacto. En Agosto de 1791, un esclavo que
practicaba la brujería, llamado Dutty Boukman, lideró un ritual de vudú en el
cual se sacrificó un cerdo y se bebió su sangre. El propósito del rito fue
formar un pacto con las fuerzas espirituales de la isla. Los presentes, líderes
de la resistencia contra los franceses, acordaron servir a estos espíritus a
cambio de la liberación del yugo francés. Trece años más tarde, ésta fue
lograda. La historia puede tener versiones disímiles pero la realidad es que fue
un hecho real. El vuduísmo ha sido siempre la práctica religiosa dominante en
Haití y fue sancionado como religión oficial en 2003. Esto habla a las claras de
la condición espiritual de la población.
Desde la
perspectiva cristiana, debemos tener sumo cuidado de hablar por Dios. No existen
hoy en día profetas que pronuncien los oráculos divinos, por más que algunos
farsantes reclamen serlo. Pero, ¿es tan descabellada la idea de que Dios hace
responsables a las naciones por los actos de sus líderes? ¿Es acaso antibíblica?
Conviene repasar la Biblia. El simple análisis de dos conceptos a continuación
nos puede dar la respuesta:
1)
Solidaridad grupal inherente
(término que me permito inventar). Los sociólogos lo llaman “Solidaridad
Orgánica”.
La Biblia enseña un
concepto de solidaridad en el cual un individuo es considerado y tratado de
acuerdo a su relación con un grupo, sea una tribu, una nación, o toda la raza
humana. A su vez, el grupo es considerado y tratado en base a su relación con su
representante original.
Ejemplos:
§
Cualquier
judío individualmente es visto como “escogido” en virtud de su participación en
la solidaridad grupal de la nación “escogida”. Al mismo tiempo, la nación es
vista como “escogida” por su relación con Abraham, quien fue individualmente
escogido por Dios (Gn. 12:1-7).
§
El
sacerdocio levítico
– Un individuo podía ser bendecido en virtud de su participación en la
solidaridad con su tribu. Por ejemplo, un levita individual podía ser sacerdote
en virtud de su participación en la solidaridad de la tribu de Leví, mientras
que la tribu de Leví era considerada como la tribu sacerdotal debido a su
relación con Leví, quien fue escogido individualmente por Dios para ser Sumo
Sacerdote (Nm. 18:6-24).
§
Culpa y
castigo corporativo
– El sufrimiento de los egipcios en forma individual cuando las plagas, de los
canaanitas, filisteos, amorreos, heteos, etc., durante la conquista de la tierra
prometida, el sufrimiento de los judíos individualmente durante la cautividad
en Asiria y Babilonia, y todos los demás juicios enviados contra otras naciones,
fueron justificados sobre la base de su participación en la solidaridad de sus
naciones.
¿Y los justos?
Un hombre justo
puede ser conceptuado como culpable en un sentido corporativo debido a su
participación solidaria en el pecado de su tribu o nación. Así vemos como
Nehemías confesó los pecados corporativos de su nación (Neh. 1:5-11). En este
pasaje podemos ver claramente cómo un solo individuo puede ser considerado y
tratado por Dios como culpable por los pecados de la nación. El hecho de que él
mismo no haya cometido esos pecados particulares no elimina o cancela la culpa
que él carga sobre sí.
La anterior es la
base legal divina sobre la cual se justifica el castigo por ciertos pecados que
sobrevino sobre ciudades como Sodoma y naciones como Egipto. A su vez, debido a
su participación solidaria con la unidad familiar, el castigo puede permanecer
por varias generaciones (Jos. 7:24-26; Jer. 22:28-30; 36:31).
Aclaro, por si acaso algún sentimental malinterpreta mis pensamientos, que no
estoy hablando de salvación individual sino de castigo corporativo. Las
bendiciones o juicios sobre tribus, ciudades, naciones, y raza humana en
general, sólo se justifican si aceptamos el concepto bíblico de solidaridad
grupal inherente. Lo mismo sucede con el Diluvio universal y la conquista de la
Tierra Prometida.
Secularmente
El concepto de
solidaridad grupal es un principio bíblico que también es parte necesaria en
nuestra vida secular. Cuando el liderazgo de una nación declara la guerra a otra
nación, cada ciudadano individualmente está en guerra, esté o nó de acuerdo. La
persona puede sufrir heridas o la muerte misma, y su propiedad destruida o
confiscada sobre la base de que es parte de la nación. Yo sé que este concepto
es difícil de digerir en estos tiempos en que existe lo que se llama “daño
colateral”, pero la única otra opción que nos queda es negar el principio
bíblico. El ciudadano individual lleva sobre sí la culpa y el castigo
corporativo acarreados por el estado bélico en que participa la nación.
Concluimos que los gobiernos humanos están en parte fundamentados en el concepto
de solidaridad.
2)
Representación.
La Biblia enseña un
concepto de representación en el cual las acciones y decisiones de nuestros
representantes son consideradas y tratadas como si fueran nuestros propias
acciones y decisiones.
En su sentido secular,
este concepto sirve como fundamento de los gobiernos representativos. Como
explicamos antes, si el congreso de una nación declara una guerra, los
ciudadanos automáticamente han declarado también la guerra. Si nuestros
representantes en el gobierno decretan un nuevo impuesto, debemos pagarlo
rigurosamente porque es como si nosotros mismos lo hubiéramos votado. No
interesa si usted está de acuerdo con el impuesto o si es ignorante de éste.
Usted es moral y legalmente responsable por las acciones y decisiones de sus
representantes.
El principio lo
encontramos en la Biblia. Los individuos son vistos y tratados por Dios de
acuerdo a las acciones y decisiones de sus representantes, ya sea para ser
bendecidos o maldecidos. El corazón duro del Faraón trajo juicio sobre toda la
nación (Ex. 7:11). Aquellos que siguieron a Coré, Datán y Abiram tuvieron su
mismo destino (Nm. 16). Cada rey impío en Judá o Israel trajo juicio sobre toda
la nación. Ej: No llovió en Israel por causa de la maldad de Acab (1 R. 17s).
En el sentido
positivo, las acciones y decisiones de los buenos reyes causaron bendiciones a
toda la nación. Ej: la nación fue librada de los asirios gracias a que el rey
Ezequías buscó a Dios (2 R. 19).
La más grande
ilustración del principio de representación es la expiación sustitutiva y
vicaria de Cristo (1 Co. 15:3-4). Somos salvos gracias a las acciones y
decisiones de Jesucristo, nuestro representante. El es nuestro mediador,
abogado, y Gran Sumo Sacerdote (1 Ti. 2:5; 1 Juan 2:1; He. 2:17). Tanto la
expiación y la justificación, al igual que el pecado original, están
fundamentados en el principio de representación, y esto nos lleva al concepto de
imputación, el cual desarrollaremos en una próxima entrega. <>