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Guerra Espiritual: Exorcismos Modernos: Una Evaluación
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Exorcismos Modernos: Una Evaluación
por Pablo Santomauro
“El Exorcista” (1973), “El Exorcismo de Emily Rose” (2005), “El Exorcista –
el comienzo” (2004), e infinidad de películas menos conocidas han
establecido un estereotipo falso de lo que es un verdadero exorcismo. Todos
estos exorcismos de la pantalla grande son hechos por representantes de la
Iglesia Católica, lo que es por demás significativo. Es cierto que la
Iglesia Católica tiene sus exorcistas oficiales que reportan casos de
supuestos exorcismos y que la metodología usada, en líneas generales, se
asemeja a lo que vemos en el celuloide. Corresponde ahora comparar estos
exorcismos con aquellos presentados en la Biblia para ver si estamos frente
a algo legítimo, o de lo contrario, ante una aberración de mayores
proporciones.
He aquí una lista de diferencias:
a) Los exorcismos “católicos” contemporáneos se hacen en lugares
aislados, en escenarios sombríos a puertas cerradas, y son narrados tiempo
después de que fueron hechos. Jesús, por el contrario, echó demonios en
lugares públicos y a plena luz del día, permitiendo de esa forma la
examinación crítica aun de parte de sus enemigos (Lc. 4:31-36).
b) El Señor expulsó demonios tan solo con su palabra (Lc. 4:36; Mt.
17:18). Pablo hizo lo mismo en Hechos 16:16-18 y probablemente en otras
ocasiones (Hch. 19:13-16). Los exorcistas modernos ayunan por meses para
prepararse y luego tienen que realizar decenas de intentos , y en algunos
casos les lleva años lograr el éxito (supuestamente). Tal fue el caso del
sacerdote que realizó el exorcismo sobre el cual se basó la película “El
Exorcista”. Un punto colateral que este autor desea destacar es que la
Iglesia Católica, y por ende los miembros de la curia, no tienen autoridad
alguna sobre los demonios debido a sus doctrinas antibíblicas como la
adoración a María, los santos, su soteriología, etc. Dios no avala este tipo
de doctrina, y no garantizaría a sus representantes tal poder sobre las
fuerzas del mal, ya que ellos son, en un sentido doctrinal, cómplices de
estas fuerzas.
c) Los endemoniados del Nuevo Testamento son descritos con aflicciones
físicas y/o mentales, pero todas las manifestaciones y la conducta de estos
personajes no traspasan los umbrales del ámbito humano para entrar en los
confines de lo fantástico y grotesco, tal como se dice sucede en los
exorcismos modernos. Estaremos dando algunos ejemplos más adelante.
d) Los endemoniados “modernos” son frecuentemente descritos exclamando
maldiciones y blasfemias. El Nuevo Testamento narra otra historia, los
demonios siempre fueron respetuosos respecto a la Deidad (Mr. 1:24; 3:11).
No hay en la Biblia un solo caso donde un demonio blasfeme contra Dios o
Cristo.
e) Hay en el NT dos casos de posesión demoníaca donde podemos observar
que los espíritus inmundos dotan a los poseídos con una fuerza sobrenatural
increíble (Mr. 5:1-20; Hch. 19:13-16). El endemoniado de Marcos 5 rompía las
cadenas que lo sujetaban. El endemoniado de Hechos 19 puso a correr a siete
hombres jóvenes no sin antes propinarles una golpiza extraordinaria. ¿Por
qué no vemos hoy ningún caso donde el supuesto endemoniado rompa cadenas o
ponga en retirada a una decena de hombres fuertes? Los exorcistas católicos
admiten que una persona endemoniada puede exhibir una fuerza
desproporcionada, pero en sus relatos siempre encontramos que unas pocas
personas pueden controlar al sujeto endemoniado.
f) La capacidad o el don de expulsar demonios en el primer siglo siempre
estuvo relacionada con la confirmación del verdadero evangelio (Mr.
16:17-20). Los exorcistas católicos contemporáneos predican cualquier cosa
menos el evangelio.
Concluimos que los reportes de exorcismos documentados por la Iglesia
Católica no son de confiar, debido a las disimilitudes de los exorcismos
presentados en la Biblia.
¿Qué
tan reales son las escenas de los presuntos exorcismos católicos?
Las
típicas escenas en filmes como “El Exorcista” y “El Exorcismo de Emily Rose”
muestran a la persona poseída contorsionándose, levitando, emitiendo sonidos
guturales horrosos, poseyendo ojos diabólicos, hablando con una voz
diferente a la usual, expresándose en un idioma antiguo, exhibiendo una
fuerza extraordinaria (aunque curiosamente la víctima siempre puede ser
subyugada o sometida por dos o tres personas), vomitando una sustancia
verde, girando su cuello 360 grados, burlándose de su interlocutor,
blasfemando el nombre de Dios, etc., etc.
De todas las descripciones anteriores, investigaciones serias han llevado a
concluir que muchas de ellas son posibles sin la necesidad de una
participación demoníaca. El despliegue de una fuerza inusual, la
enunciación de blasfemias, emitir aullidos y sonidos guturales, ingerir
moscas, arañas y otros insectos, y otras manifestaciones, no necesariamente
son indicativas de que estamos frente a una persona poseída. La mayoría de
estas manifestaciones pueden ser asociadas con problemas psicosomáticos,
histeria, auto-hipnosis, auto-sugestión, fraude y cosas por el estilo. Todas
tienen una causa natural aunque no siempre bien entendida. Otras se reducen
al campo de la fantasía y los efectos cinematogáficos especiales. Por regla
general, el exorcista “oficial” es un sacerdote católico que se supone debe
leer del manual de 94 páginas conocido como el Ritual Romano. Veamos
ahora un par de relatos relacionados con exorcismos oficiales de la iglesia
católica.
Caso # 1
– La historia dice que luego de 13 años de intentos frustrados de exorcismo,
Lucía, de 44 años de edad y madre de dos niños, fue finalmente llevada con
el padre Gabriele Amorth, quien se especializa en exorcismos. Lucía tenía
síntomas típicos tales como una repulsión total a todo lo que fuera sagrado.
Cada vez que el sacerdote iniciaba el ritual, ella entraba en trance,
hablaba en idiomas que no conocía y mostraba una fuerza sobrehumana, y
aparentemente los presentes no podían sujetarla, según su esposo Renzo
(nadie explica como finalmente lo hacían). En cierta ocasión, Lucía vomitó
agujas, hecho éste que es un símbolo de tormento diabólico, cuenta su
sacerdote. Yo por mi parte, confieso que nunca supe que el diablo estaba en
el negocio de la costura. Hoy en día, luego de ser tratada por el padre
Gabriele Amorth, Lucía aparentemente está libre de la posesión.
(http://www.religionnewsblog.com/7047/the-vaticans-top-exorcist-sends-the-devil-%20packing)
Caso #
2
-- Este segundo ejemplo tomó lugar hace unos cuantos años. De acuerdo con el
padre Luigi Novagese, el exorcista oficial de la diócesis papal en Roma, “la
piel de un hombre se tornó blanca como papel, sus dientes se pusieron
transparentes, su ojos se salieron de la órbita con llamas y le salió fuego
de su boca”. Un sacerdote expresó que un demonio hasta mordió un sandwich.
La edición de la revista Newsweek de Febrero 11, 1974, mostró una foto del
sandwich mordido con las huellas de los dientes. Tampoco sabíamos que los
demonios pueden desarrollar caries.
Casos como los anteriores son relatados frecuentemente por exorcistas
católicos y los testigos de ocasión. Lo absurdo, grotesco y demencial de los
relatos ubican a estos exorcistas y sus supuestos poseídos en el plano de
los enajenados, o en su defecto, de los embaucadores. Desde la perspectiva
bíblica, sabemos que el padre Amorth pertenece a una institución religiosa
que continúa en decadencia y está doctrinalmente en oposición al evangelio
de Cristo. Atendamos sus palabras en un reportaje reciente de Zenit News
Agency (4-12-2008): “En una ocasión le pregunté al diablo qué le molesta más
de Nuestra Señora (la virgen María). El respondió, ‘Que ella es la más pura
de las criaturas y que yo soy el más sucio; que ella es la más obediente de
todas las criaturas y yo soy el más rebelde; que ella es la que no ha
cometido pecado y por lo tanto siempre me conquista’”.
(http://www.catholic.org/international/international_story.php?id=27550)
Es obvio que el padre Gabriele es un mentiroso de primera, además de ser un
idólatra. O quizá se trate de un lunático rabioso, pero me inclino a pensar
que es un farsante.
Exorcismos evangélicos: diferente estilo, el mismo embuste
La escena evangélica está plagada de individuos que reclaman tener poder
sobre los demonios y sobre Satanás mismo. Bob Larson, por ejemplo, vive de
los ingenuos que piensan que están endemoniados. Se llama a sí mismo “El
exorcista real”, sin duda para diferenciarse de los exorcistas católicos,
como si él fuera legítimo. En su página de internet, Larson tiene el anzuelo
para cazar incautos en forma de examen de admisión. El “aspirante a poseído”
debe contestar si alguna vez, en el pasado o el presente, ha exhibido
ataques de rabia o violencia incontrolables, ha sido violado, ha abusado de
alcohol o drogas, ha contemplado el suicidio o sufrido seriamente de
depresión y desesperanza, fue abusado por sus padres, se siente rechazado o
ha fracasado en multiples relaciones, experimenta continuos problemas
financieros, o serios impedimentos para orar, adorar, leer la Biblia y
asistir a la iglesia.
Teniendo en cuenta que esta última categoría (de “serios impedimentos” en
adelante) prácticamente pone al 99 % de los cristianos modernos en la
categoría de poseídos (el serio impedimento no siendo otra cosa que la
apatía espiritual), y en algunas otras categorías una vasta mayoría de los
habitantes del globo terráqueo contestaría que sí, arribaríamos a la
conclusión de que técnicamente vivimos entre poseídos. En el mundo demencial
del señor Larson, prácticamente casi toda actividad o conducta pecaminosa es
causada por demonios. La Biblia, por el contrario, no tiene ninguna duda de
qué se trata. Les llama “obras de la carne” (Gá. 5:16), i.e., pecados
originados en nuestra naturaleza caída.
La Iglesia Universal del Reino de Dios' con origen en Brasil, por
ejemplo, se caracteriza por enseñar que todas las cosas malas tienen un
origen demoníaco, y todos sus cultos terminan con sesiones de exorcismo
masivo donde los pastores imponen sus manos a la gente para expulsar
demonios. En otras iglesias de corte carismático es muy común ver a los
pastores “atando” demonios. Yo quisiera saber quién los suelta después,
porque usualmente la persona que es “liberada” vuelve por otro exorcismo a
la semana siguiente.
La obsesión
con los demonios lleva a sectores enteros del evangelicalismo a diseñar
estrategias para combatir a Satanás con fórmulas de atar y desatar,
reprender, darle órdenes, “mandonear” al diablo y a sus demonios, reclamar
la “sangre de Cristo”, y otras cosas nuevas que siempre siguen inventándose.
Si los cristianos tuviéramos tal autoridad, hace rato que ya hubiéramos
silenciado, paralizado y neutralizado a todos los principados y potestades
de las tinieblas. Satanás y sus súbditos estarían todos escondidos con temor
de asomarse y operar en la escena terrenal. La victoria ya hubiera sido
nuestra en el “ahora” y Jesucristo tendría una cosa menos que hacer en el
final de la historia.
¿Sabía usted que los saca-demonios evangélicos nunca han podido presentar
una sola prueba creíble de que realmente expulsan demonios. Al igual que en
el catolicismo, entre mentirosos anda la cosa. Casualmente, los exorcistas
evangélicos, al igual que los católicos, predican un evangelio grotescamente
distorsionado.
¿Nos da la Biblia instrucciones para exorcisar?
Yo
no veo ninguna. Los escritores de las epístolas no mencionan en absoluto
ninguna clase de instrucciones para exorcisar demonios. El sentido común nos
dice que si Dios quisiera que anduviéramos por ahí echando demonios, hubiera
destacado en forma clara e inapelable su voluntad acompañada con
instrucciones en la Biblia. En lugar de ello, los mandamientos para la
guerra espiritual en la Escritura consisten en exhortaciones como permanecer
sobrios y velar (1 P. 5:8), resistir al diablo (Stg. 4:7) (por definición,
someterse a Dios significa resistir al Diablo), no ignorar sus maquinaciones
(2 Co. 2:11), vestir la armadura de Dios, i.e., con la Verdad, el carácter
de Cristo en nosotros, proclamando el evangelio, usando el escudo de la fe,
el yelmo de la salvación y permaneciendo en oración (Ef. 6). Los cristianos
confrontamos al diablo desde una posición de victoria ya que el que está en
nosotros (el Espíritu Santo) es mayor que el diablo (1 Jn. 4:4) y todos los
poderes del infierno lo saben muy bien (Mt. 8:28-32). Puesto de otra forma,
nuestra suficiencia en Cristo nos prepara para la batalla. Los recursos
espirituales que obtenemos de él son suficientes para sostenernos frente al
enemigo, sin necesidad de maniobras especiales aprendidas en un seminario de
guerra espiritual o participar en espectáculos circences que nos convierten
en el hazmerreír del público. Nuestra misión primordial sigue siendo
predicar el evangelio y hacer discípulos en todas las naciones.<>
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Enviado por lemusi el Martes, 12 mayo a las 15:50:00 (116 Lecturas)
(¿Comentarios? | Puntuación 5)
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Guerra Espiritual: Carta a los Organizadores de Una Campaña Evangelística de Carlos Annaconda
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Carta a los organizadores de una
campaña
evangelística de Carlos Annacondia
Julio 4, 2008
Hola, mi nombre es Screwtape. Soy un famoso demonio y quizá ustedes me
conozcan, si es que alguna vez leyeron el libro de C. S. Lewis. Me he enterado
que el circo de Carlos Annacondia llega el 11 de julio (en una semana) a
Montevideo, Uruguay (el evento es anunciado como una "reunión evangelística", se
llevará a cabo en el Platense Patín Club y es organizado por un ente llamado "Pastores
Unidos de Montevideo").
El motivo de la presente es que deseo ofrecer mis servicios para ayudar a este
megalomaníaco de Annacondia (me agrada su apellido porque me recuerda a un
reptil anfibio muy querido) a montar su show. No es que le salga mal, pero
siempre hay lugar para mejorar, sobre todo en lo que tiene que ver con la
coreografía demoníaca, y pienso que con la colaboración de algunos demonios
amigos podemos hacer las cosas un poco más reales.
Una vez concurrí a uno de sus espectáculos en la ciudad de Los Angeles, hace
algunos años. Recuerdo que don Carlos, aparte de contar un par de anécdotas de
cómo "liberó" a Japón en una cruzada, el resto de la noche peleó durante todo el
show con demonios que ni siquiera estaban allí. Mejor dicho, con demonios que ni
siquieran existen, como el demonio de la envidia, la pornografía, el adulterio,
el tabaco, etc.
Yo contacté a mis compañeros de huestes de las tinieblas para que condujeran una
investigación para verificar sus historias, la de Japón y las que Annacondia
narra en sus libros, pero nadie pudo aparecer con datos que confirmaran sus
aparentes hazañas espirituales. En realidad, esto no es importante porque una
gran masa de cristianos ingenuos, que incluye a muchos pastores por lo visto, se
creen cualquier cosa en estos tiempos. Pero volviendo al motivo de mi carta,
pienso que yo puedo ayudar con mis compañeros a darle a la "reunión
evangelística" un sentido más realista.
Por ejemplo, se sabe que a estas cruzadas concurren muchos cristianos inmaduros
y sin discipular. A esos no los podemos poseer porque ya han sido sellados por
el Espíritu Santo, y nosotros los demonios sabemos que allí no podemos penetrar.
Pero también atienden personas inconversas atraídos por la promesa de milagros.
Mi idea consiste en invadir los cuerpos de éstos para que en realidad presenten
manifestaciones dignas de estar endemoniados. Digo esto porque los endemoniados
que se han presentado para ser "liberados" por Annacondia realmente han sido un
fracaso como testimonios. Si nosotros (los demonios) nos encargamos de entrar en
los cuerpos de estos inadvertidos, garantizamos que se verán cosas maravillosas.
Por ejemplo, la persona poseída será dotada de una fuerza extraordinaria como la
que tenía el endemoniado gadareno, que rompía cadenas. En el caso de esta
campaña evangelística, podríamos hacer que el individuo levantara a tres o
cuatro personas a la vez (estilo lucha profesional) y los arrojara por los aires
por encima de varias filas de asientos. Claro, ustedes los organizadores
deberían de tener varias ambulancias prontas en las afueras del Platense Patín
Club. Si esto no es suficiente, sugeriría que los endemoniados procedieran a
destrozar el escenario, pero me temo que los organizadores del evento (ustedes)
no querrán pagar por los daños.
Pienso que ésta sería una atracción sensacional nunca vista en una campaña de "liberación",
imposible de ser imitada por el esfuerzo humano. Me permito recordarles que los
demonios podemos dotar de una fuerza sobrenatural a los humanos. Si no,
recuerden la salsa o biaba (términos rioplatenses para "tunda") que un solo
endemoniado le propinó a siete exorcistas juntos en la ciudad de Efeso hace ya
algún tiempito.
Una vez que el público esté aterrorizado por lo que ven, y antes de que ocurra
una tragedia cuando se amontonen buscando la salida, Annacondia daría un salto
desde el escenario y con su autoridad característica (una capa suntuosa estilo
Walter Mercado no estaría mal) nos reprendería. A este punto, nosotros haríamos
que la persona se retuerza como tirabuzón, saltara en su lugar varios metros en
el aire como una pelota rebotando, y diera otras cabriolas fenomenales, todo
antes de volver a la normalidad. Nosotros, como verdaderos caballeros, nos
retiraremos del individuo, probablemente riéndonos a carcajadas (inaudibles, por
supuesto) ya que sabemos que don Carlos no tiene poder ninguno sobre nosotros.
Al respecto, me permito plasmar algunos comentarios sobre lo que considero una
osadía de parte don Carlos. Me refiero a que él confronta a mi general, Satanás,
como si fuera su igual. Habla con él al "tú por tú", supuestamente lo ata y
desata como a los cordones de los zapatos, le da órdenes y hasta escribió un
libro titulado "Oíme bien Satanás". Nosotros, los gobernadores de las tinieblas
de este siglo, nos reímos a carcajadas cuando escuchamos estas cosas. Alguna vez
se me ocurrió hasta escribirle una carta a Annacondia, pero no tuve permiso de
mi general. La carta la iba a titular "Oíme bien Chantanás", porque este
hombre es un chanta. Viene a mi memoria la ocasión en la que el más poderoso
ángel de Dios, el príncipe Miguel, el que está a cargo de todas las huestes
celestiales, "no se atrevió a proferir juicio de maldición" contra mi comandante
en jefe, sino que dijo "Que el Señor te reprenda". En ningún momento le habló
directamente como lo hace Annacondia y muchos otros de la "Reforma Apostólica y
Profética".
Annacondia y sus pares ignoran voluntariamente que mi comandante, a pesar de
haber sido degradado de su posición y autoridad original aun conserva un gran
poder. Por algo Jesucristo le llama el príncipe de este mundo y el apóstol Pablo
le llama "príncipe de la potestad del aire". Sin embargo, falsos maestros como
Annacondia (según gente que sabe su Biblia) tienen el descaro de tratar a mi
comandante y a su jerarquía de oficiales como yo, de igual a igual. Sin embargo,
como ya dije, el arcángel Miguel no se atrevió a reprender a mi jefe. Estos
falsos maestros dicen: "Bueno, los reprendemos en el nombre de Jesús". Pero mi
punto es que ni Miguel hizo eso, sino que dijo "el Señor te reprenda".
Esto se puede entender como que yo estoy pidiendo respeto para mi comandante y
para nosotros, sus ángeles subordinados. De ninguna manera, por el contrario, no
nos interesa el respeto de nadie, aunque tendría que haberlo en un sentido, por
el propio bien de ustedes. Por mí, pueden seguir en ese camino que a nosotros
nos conviene. Con su falsa noción de guerra espiritual siguen manteniendo a los
cristianos ignorantes de su posición y libertad en Cristo (odio mencionar este
nombre) y viviendo temerosos de nosotros pensando que tenemos un poder sobre
ellos que realmente no tenemos. Así que, ayuda a nuestra agenda que estos
cazadores de demonios continúen con estas payasadas de espectáculos, ya que lo
único que logran es detener el crecimiento de los cristianos y rendirlos
inútiles en su testimonio por ..... ya saben quién (ya dije el nombre una vez).
Yo, Screwtape, aborrezco lo que ustedes llaman la Palabra de Dios, pero
lo que me llama la atención es que pastores como ustedes, que organizan estos
espectáculos circences, ni siquiera conocen las advertencias que la Biblia misma
hace acerca de gente como Annacondia y sus compinches del sur y del norte. El
apóstol Pedro les llama "atrevidos y contumaces", y dice de ellos que "no temen
decir mal de las potestades superiores, mientras que los ángeles, que son
mayores en fuerza y en potencia, no pronuncian juicio de maldición contra ellas
delante del Señor". Pedro llama a estos maestros "animales irracionales". O sea
que en materia de cosas espirituales son tan ...... no sé que palabra usar
..... como el más ..... no sé que palabra usar ..... de los animales.
Por favor, no me vayan a entender mal. Nosotros simpatizamos con Annacondia.
Consideramos que, haciendo honor a su apellido, cumple una mportante función
constrictora alrededor del cuerpo de Cristo que asfixia (si no mata) el
potencial de la iglesia para evangelizar un mundo que se pierde. No es necesario
decir que la expresión "un mundo que se pierde" no puede tener un significado
más real en otra parte del mundo que en Uruguay. Así que los alentamos a seguir
en vuestra labor y anhelamos poder ayudar en ella.
En fin, esperando pronta respuesta a nuestra solicitud, se despide de ustedes
atentamente:
Screwtape
Ministro de Engaños y Tentaciones
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Enviado por lemusi el Sábado, 05 julio a las 13:00:06 (219 Lecturas)
(¿Comentarios? | Puntuación 4)
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Guerra Espiritual: El Demonio Me Hizo Hacerlo
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Liberación de
demonios en los cristianos
"El demonio me hizo hacerlo"
Pablo Santomauro
Primero fueron los psicólogos los que nos enseñaron que vivimos en una sociedad
integrada por víctimas. Nadie es responsable por su propia conducta, y por ello
hemos visto a gente demandando legalmente a las compañías tabaqueras por el
cáncer que adquirieron luego de fumar por años, y a los restaurantes McDonald's
por haber causado su obesidad con comidas de alto contenido grasoso. Los
criminales, a su vez, culpan por sus actos a las circunstancias de su pasado y/o
el haber crecido en una familia disfuncional. Los homosexuales culpan a sus
genes ("se nace así", dice el mantra). Todo el mundo culpa a alguien o a algo
por su situación.
Esta mentalidad distorsionada del chivo expiatorio no demoró en penetrar la
iglesia evangélica. Hoy las conductas más desviadas e insólitas pueden ser
atribuidas a la presencia de uno o más demonios habitando en el cristiano.
Muchos falsos maestros dentro del cristianismo practican la liberación de
demonios aun en los creyentes. Es así que encontramos espíritus de toda índole
tales como del divorcio, desidia, mentira, lujuria, pornografía, indiferencia,
envidia, chisme, celos, etc. El caso típico es que luego de que la persona es "liberada"
al poco tiempo vuelve a caer en el mismo tipo de conducta. Esto significa que no
estamos tratando con demonios sino con patrones de conducta adquiridos, i.e.,
pecado habitual.
Es significativo que la Biblia nunca describe la obra de los demonios en función
de la conducta inmoral o desobediente que supuestamente provocan. La dimensión
de los demonios puede influenciar la conducta moral y la santidad de un creyente,
pero la Biblia nunca habla de "posesión" en referencia a un cristiano - a decir
verdad, ni siquiera habla de "opresión" - sino que el factor siempre presente es
la "tentación", y ésta mayormente viene del interior del hombre (Stg. 1:14).
Cierto, Satanás puede tentar, y así lo hizo en un principio en Génesis 3. Luego
que nuestros padres milenarios pecaron, Dios no enfrentó primero al diablo sino
que comenzó la "investigación" con el careo de Adán y Eva. En ningún momento
quitó la responsabilidad de Adán y Eva, quienes en principio quisieron
transferir la culpa a Dios, a la mujer (Gn. 3:12), y a la serpiente (Gn. 3:13)
sucesivamente, pero en el final ambos confesaron su pecado ("y comí"). El diablo
los tentó sin lugar a dudas, pero no los poseyó ni los oprimió. Ni Adán ni Eva
pudieron decir: "El diablo me hizo hacerlo". Dios exigió una confesión de parte
de los pecadores y luego proveyó una muerte sacrificial en su lugar para
remover la culpa (Gn. 3:21).
El anterior es un patrón establecido para tratar con los pecados del hombre
desde la Creación. Este patrón prosigue a través de la revelación de Dios, el
hombre confesando su pecado y Dios transfiriendo la culpa por medio de la
provisión comprendida en la obra de Cristo en la cruz. Lo que Dios quita es el
pecado, no algún espíritu o demonio que nos hace pecar.
Es importante saber que cuando las epístolas hablan de los diferentes pecados en
la vida del creyente y cómo tratar con ellos, en ninguno de los casos se indica
que un exorcismo es necesario. Sin embargo, muchos enseñan que los pecados
mencionados en los pasajes bíblicos a continuación, son causados por demonios
que pueden poseer a los cristianos (a los efectos prácticos, no hemos resaltado
los pecados, sino los mandamientos y proposiciones referentes a la solución para
tratar con ellos y la posición desde la que lucha el cristiano):
"Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación,
impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricias … dejad también
vosotros todas estas cosas: ira, enojo, malicia, blasfemia, palabras deshonestas
de vuestra boca … habiéndoos despojado del viejo hombre con sus hechos, y
revestido del nuevo …" (Ef. 3:5,8-10).
"Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación,
inmundicia, lascivia, idolatría, hechizerías, enemistades, pleitos, iras,
contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y
cosas semejantes … pero los que son de Cristo han crucificado la carne con
sus pasiones y deseos'" (Gá. 5: 19-21, 24).
"Porque de dentro del corazón de los hombres, salen los malos
pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios,, los hurtos,
las avaricias, las maldades, el engaño, la lascivia, la envidia, la maledicencia,
la soberbia, la insensatez". (Mr. 7: 20-22).
"¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los
fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que
se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los
maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios. Y esto erais
algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis
sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro
Dios." (1 Co. 6:9-11).
Una simple lectura de los pasajes anteriores nos muestra que los promotores de
la "liberación" de demonios erran al no entender que:
1) La Palabra de Dios da por entendido que los cristianos tenemos el poder de "hacer
morir" las cosas que ellos llaman demonios. La presencia del Espíritu Santo en
los cristianos les da la victoria.
2) Los verdaderos cristianos han "crucificado la carne con sus pasiones". Una
vez más, está al alcance de la voluntad del cristiano el poder para despojarse
del viejo hombre (su naturaleza pecaminosa, o carne). Los deseos pecaminosos en
el cristiano no desaparecen, pero ahora tenemos el poder para vencerlos (Ro.
6:6,7,12,13). Puesto simple, en los cristianos genuinos, el pecado
permanece pero no prevalece.
3) Nuestro propio Señor Jesucristo afirmó que los supuestos demonios que los
ministerios de liberación expulsan, se originan en el interior del hombre.
4) A lo que ellos llaman demonios, la Biblia llama "obras de la carne" y "lo
terrenal", y los asocia con "la carne", el "viejo hombre" y el "corazón de los
hombres".
5) El Espíritu Santo ya ha "lavado" y "santificado" a los creyentes. Si el
pecado continúa en un persona en forma habitual, quizá no se haya producido esta
acción del Espíritu Santo en la persona. En otras palabras, el niño puede haber
nacido muerto.
6) La palabra "demonio" o alguna influencia semejante, así como las
instrucciones para llevar a cabo una "liberación", brillan por su ausencia en
estos pasajes y en la Biblia en general (en referencia a inmoralidad y
desobediencia).
7) El cristiano puede pecar, pero él es el único responsable por hacerlo. Ningún
agente externo puede ser culpado por el pecado cometido por el cristiano. La
Palabra de Dios nos considera responsables por nuestras faltas. Es gracias a la
obra de Jesucristo en la cruz y su victoria sobre la muerte, que hoy podemos los
cristianos venir a él en arrepentimiento y ser restaurados en la comunión con
Dios. El incrédulo, por su parte, puede hacer lo mismo entregando su vida a
Cristo en arrepentimiento y en fe para salvación eterna.
Dios ha provisto la solución para que no sigamos pecando:
"..... Así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos
para Dios en Cristo Jesus, Señor nuestro. No reine, pues, el pecado en
vuestro cuerpo mortal, de modo que le obedezcáis en sus concupiscencias".
(Ro. 6: 11-12)
"Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu …." (Ro.
8:9)
"Mas vosotros no habéis aprendido así a Cristo, si en verdad le habéis oído,
y habéis sido por él enseñados, conforme a la verdad que está en Jesús. En
cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está
viciado conforme a los deseos engañosos, y renovaos en el espíritu de vuestra
mente, y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia
y santidad de la verdad". (Ef. 4:20-24)
El apóstol Pablo parece estar bajo la impresión de que las afirmaciones,
exhortaciones y mandamientos expresados arriba quieren decir algo realmente, no
son palabras al viento ni son conceptos relativistas. La Palabra de Dios nunca
llama al cristiano a hacer algo que el creyente no tiene la capacidad de hacer.
Esto significa que ahora tenemos la habilidad de elegir correctamente, de hacer
el bien o el mal, de andar en el Espíritu o en la carne, de renovarnos en el
espíritu y vestirnos del nuevo hombre, de considerarnos muertos al pecado y no
dejar que el pecado reine en nosotros, si en realidad somos nacidos de nuevo.
El viento puede soplar hacia el este, norte, sur, oeste, o cualquier combinación
de los anteriores, no importa hacia donde sople, es la posición de la vela la
que determina la dirección en la cual el velero navega. Pongan sus velas en la
posición correcta
¿Qué significa que hemos muerto al pecado? Significa que hemos muerto al dominio
del pecado, o al reinado del pecado. Antes de confiar en Cristo como Salvador
nosotros pertenecíamos al reino de Satanás y del pecado (Ef. 2:2). Estábamos
bajo el poder del pecado, no teníamos la posibilidad de decir "no peco" --
eramos esclavos o prisioneros, nacimos en esta esclavitud, todo individuo nacido
desde Adán (con excepción de Cristo) nace esclavo del pecado y de Satanás.
Ahora, como dice el dicho, otro gallo canta. Dios ha provisto, ha puesto a
nuestra disposición el camino hacia una vida de santidad y poder, una vida en el
Espíritu. Dios lo ha hecho, pero como toda cosa dual en la Escritura, nosotros
tenemos que resistir en el Espíritu. No confundamos el potencial de resistir (el
cual Dios nos ha dado) con la responsabilidad de resistir (que es nuestra), y en
esto, los demonios no tienen nada que ver. <>
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Enviado por lemusi el Lunes, 09 junio a las 14:00:06 (191 Lecturas)
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Guerra Espiritual: Demonios en los Cristianos
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Demonios en los Cristianos
Revisitando una aberración doctrinal que plaga el mundo evangélico
Pablo Santomauro
Ministerios enteros han sido establecidos partiendo de la teoría de que los demonios pueden habitar en los cristianos y afectar su conducta. La acción que supuestamente soluciona este problema según estos ministerios, es echar fuera los demonios, o sea, practicar un procedimiento llamado "liberación de demonios".
¿Es bíblica la idea que los cristianos pueden ser endemoniados? Si es cierto que los cristianos necesitamos una liberación de demonios, ¿por qué en la Biblia no tenemos ningún ejemplo de Jesús y los apóstoles echando demonios o espíritus inmundos de un cristiano? Si el tema fuera elemental para vivir la vida cristiana, ¿por qué Dios, en su Revelación, no nos dejó ningún ejemplo ni instrucción al respecto?
¿No es significativo en extremo el hecho de que en ningún pasaje del Nuevo Testamento donde se habla de la guerra espiritual y los cristianos, el tema de echar fuera demonios de los cristianos brilla por su ausencia? ¿Acaso en todos esos pasajes no se instruye al creyente a vestirse con la armadura de Dios (Ef. 6:10-18) y a resistir al diablo (1 P. 5:8-9; Stg. 4:7), no a expulsarlo? ¿Acaso decir que los demonios pueden habitar en un cristiano, no es una afrenta a Cristo, quien nos redimió con su sangre y nos trasladó del reino de las tinieblas al de la luz (Col. 1:13-14)? ¿Fue Su obra en la cruz incompleta (Jn. 19:30)?
¿Pueden Dios y el demonio habitar simultáneamente en un mismo cuerpo?
¿Es posible que el Espíritu Santo que habita en el creyente (Ro. 8:9-1) permita un espíritu inmundo habitar con él en el mismo cuerpo? Aunque parezca inverosímil, algunos dicen que sí es posible. Para apoyar su postura dicen que si Jesús mora con el pecado en el corazón del creyente, o sea en una persona con una naturaleza pecaminosa, ¿por qué no podría habitar en una persona endemoniada?
Este argumento es una falsa analogía, o sea, compara cosas que pertenecen a diferentes esferas o rangos. En lenguaje popular sería confundir peras con manzanas. En este caso en particular, no se pueden comparar la perversidad moral demoníaca con la perversidad de una humanidad caída. La relación de Dios con los demonios es diferente a la que él tiene con los creyentes. Los demonios son irreversiblemente corruptos, malignos, y definitivamente irredimibles (2 P. 2:4; Mt. 25:41; He. 2:16; Jud. 6; Ap. 12:7-9; 22:11). Los creyentes, por el contrario, hemos sido redimidos y a pesar de conservar una naturaleza pecaminosa (la carne), tenemos en nosotros una nueva naturaleza (la del Espíritu) que nos habilita para triunfar sobre las tentaciones (Ro. 6:11-12; 8:9; Gá. 5:18) y aún sobre la influencia demoníaca (1 Jn. 3:9).
El segundo argumento que usan para apoyar la idea de que los demonios pueden cohabitar con el Espíritu, básicamente expresa que los demonios moran en el alma, pero no en el espíritu del hombre, donde habita el Espíritu Santo. Esta tesis se apoya en 1 Tesalonicenses 5:23: "Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu (pneuma), alma (psuche) y cuerpo (soma)".
Se afirma que el Espíritu Santo reside en el espíritu del hombre y que por lo tanto, los demonios no pueden ganar acceso al espíritu de un cristiano. Sin embargo, dicen los que proponen esto, los demonios pueden habitar y crear caos en el cuerpo y el alma del cristiano. Es obvio que con este razonamiento han geométricamente concebido al hombre como una entidad tripartita. Este tipo de interpretación puede conducir a abusos extremos; tomemos como ejemplo Marcos 12:30: "Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón (kardia) y con toda tu alma (psuche), y con toda tu mente (dianoia) y con todas tus fuerzas (ischus)". Si leemos este pasaje del mismo modo que ellos leen 1 Tesalonicenses 5:23, encontramos que el hombre no se compone de tres partes, sino de cuatro. Y si sumamos el cuerpo y el espíritu en 1 Tes. 5:23, la cuenta sube a seis partes.
Considerando que en el resto de la Escritura los términos alma y espíritu se usan alternativamente con el mismo significado o a modo de sinónimos en forma abrumadora, concluimos que no existe una diferencia ontológica y cortante entre alma y espíritu en la Biblia. Ambos términos se usan en forma intercambiable o reemplazable. Cuando se trata de términos como alma, espíritu, mente, corazón, no existe una uniformidad universal en cuanto a su uso en la Biblia. El hombre es una unidad holística compuesta de una naturaleza inmaterial y otra inmaterial, pero ambas se integran para crear un solo ente; por lo tanto, dividir al hombre en varias partes es antibíblico.
El tema central sigue siendo la cuestión de si los demonios pueden habitar junto con el Espíritu Santo en la misma persona o cuerpo, por lo tanto el argumento carece de validez lógica. Para demostrar esto, 1 Corintios 6:15-20 es de crucial importancia: "¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios" (1 Co. 6:19-20). El apóstol Pablo usa aquí la misma palabra para cuerpo (soma) que utiliza en 1 Tesalonicenses 5:23. Es determinante el hecho de que Pablo afirma que el lugar de residencia del Espíritu Santo es el cuerpo del creyente, no cierto componente de su ser. Además, debe notarse que todo el ser del creyente ha sido redimido, no cierta parte, es por ello que Pablo dice que nuestro cuerpo y espíritu son de Dios.
Lo anterior milita directamente contra el concepto de que Dios (Espíritu Santo) puede coexistir con un demonio en el cuerpo del cristiano, ya que el hombre es redimido en su totalidad. En otras palabras, la antropología bíblica enfatiza que el hombre es una unidad integral y que no posee partes autónomas. Sumado a esto, y quizá sin que ellos lo sepan, los adeptos a la liberación de demonios adhieren al concepto helénico del dualismo. Esta corriente filosófica separaba lo material de lo inmaterial, o sea el cuerpo del espíritu, siendo el cuerpo malo y el espíritu bueno.
El apóstol Pablo, por su parte, no tiene dudas en cuanto a que el creyente ha sido redimido totalmente, y por ende tiene la libertad y la capacidad de servir a Dios desde el momento de su conversión, sin necesidad alguna de ser liberado de demonios ya que la posibilidad de posesión demoníaca es nula. Cuando Pablo afirma que nuestros cuerpos son miembros de Cristo (1 Co. 6:15) no se está refiriendo al cuerpo de Cristo como la Iglesia, sino a la relación individual de cada cristiano con Jesús mismo. La noción es ratificada en el verso siguiente, donde Pablo expresa que el que se une con una ramera es un cuerpo con ella (1 Co. 6:16). La unión del creyente con Cristo es total, integral, indisoluble e indivisible. No sólo somos parte del cuerpo del Señor sino que también somos un espíritu con él (1 Co. 6:17). Estamos unidos a él en cuerpo y espíritu. Reiteramos, el cuerpo físico de cada creyente se ha unido al cuerpo mismo de Cristo resucitado de la muerte. Esto significa que no sólo el espíritu del cristiano ha sido transformado, sino también todo su ser.
Conclusión: Así como es imposible que un demonio pueda invadir el cuerpo físico y glorificado de Jesucristo, es imposible que el cuerpo de un creyente pueda ser penetrado por los demonios, en virtud de su unión con Cristo. El apóstol Pablo entendió mejor que nadie la doctrina de la Unión con Cristo, la que en sí misma facilita una comprensión integral de la salvación del cristiano. Por ello el lema de Pablo en sus epístolas fue siempre EN CRISTO, consigna que usó más de cincuenta veces en sus epístolas.
Pasajes citados para "probar" que los cristianos pueden ser poseídos por demonios
Razones de espacio no nos permiten expandernos en cuanto a los pasajes esgrimidos con la intención de demostrar que los cristianos pueden ser invadidos por demonios. Por esta razón, sólo mencionaremos sólo dos pasajes sin proveer todo el texto y seguidamente ofreceremos una breve refutación.
El caso del rey Saúl. 1 Samuel 18:10-11 y 19:9-10, ambos relatan que un espíritu malo se apoderó de Saúl en la ocasión que quiso matar a David con una lanza. El pasaje está lejos de demostrar que un hombre de Dios puede ser poseído. Si se considera el comportamiento de Saúl durante su reinado, es fácil apreciar que su conducta estuvo muy distante de ser la de un creyente verdadero. Notemos que el espíritu malo lo dejaba cuando David tocaba su música. Esta no es una característica de los demonios en las narraciones del NT. Sumado a esto, el texto hebreo dice que un espíritu malo venía sobre Saúl o se apartaba de él, no que entraba en él. Así que difícilmente se puede presentar este caso como un ejemplo de una posible posesión demoníaca en los cristianos, sobre todo si tenemos en cuenta que la historia toma lugar unos mil años antes de que Cristo fundara su iglesia.
El caso de la mujer encorvada. En Lucas 13:10-17 tenemos el caso de la mujer que había estado encorvada por dieciocho años y a quien Jesús sana. Los proponentes de la posesión demoníaca en los cristianos señalan que la mujer era una creyente, ya que:
1) asistía a la sinagoga.
2) luego de su sanidad ella "glorificaba a Dios". 3) Jesucristo la llama "hija de Abraham".
No obstante, una lectura cuidadosa del pasaje revela que:
1) Si bien la enfermedad fue instigada por Satanás, el texto no indica claramente que un demonio la poseía.
2) Jesucristo no realizó exactamente un exorcismo, sino que la declaró libre de su enfermedad.
3) Que ella asistía a la sinagoga no necesariamente indica que estamos ante una creyente. Muchos asisten regularmente a la iglesia hoy, pero sus vidas son mundanas.
4) "Hija de Abraham" era culturalmente una frase que indicaba origen étnico, no ciudadanía en el reino de Dios.
5) El pasaje no indica que la mujer tenía fe en Dios o en Cristo. El hecho de que glorificó a Dios luego de su sanidad podría indicar que ella llegó a tener fe debido a su sanidad, no antes.
Es obvio que el pasaje no puede probar con absoluta certeza de que los cristianos pueden ser poseídos, habitados o invadidos por demonios. Estos dos pasajes son los más "fuertes" que pueden presentar los que contestan la posibilidad en forma positiva. El resto de los pasajes presentados son aun más débiles, ej: 1 Co. 2:11; 2 Co. 4:34; 1 Tes. 2:18; 1 Ti. 4:1; 1 Jn. 4:1-4; 2 Pe. 2:1-22; etc.
Una somera revisación de los anteriores pasajes demostrará al cristiano estudioso, que si bien se describe en ellos actividades en las que Satanás y sus demonios están involucrados, la demonización de los cristianos ni siquiera se menciona.
Conclusión
La doctrina de los cazadores de demonios no tiene base en la Escritura y los cristianos debemos rechazar tal tipo de falsedad. 1 Juan 4:4 dice que mayor es el que mora en los cristianos (el Espíritu Santo) que el que está en el mundo (Satanás y sus huestes). Recapitulando, éstas son las razones por las que la enseñanza de la liberación de demonios en los cristianos no tiene base bíblica:
1. El Espíritu Santo mora en todo creyente (Jn. 14:17; Hch. 5:32; Ro. 8:11; 1 Co. 3:16; 6:19; 2 Co. 6:16; 1 Tes. 4:8; 2 Ti. 1:14).
2. El Espíritu Santo hace residencia en la vida del creyente en el momento que éste es salvo (regenerado o nacido de nuevo), no importando cuán imperfecto o inmaduro sea el nuevo creyente.
3. La luz no puede tener comunión con las tinieblas (2 Co. 5:14-16; 1 Tes. 5:5)
4. No existen instrucciones en las epístolas (cuyo objetivo fue instruir a los creyentes en todo aspecto de la vida cristiana), ni ejemplos en los Evangelios de cómo encarar la posesión demoníaca en los cristianos.
5. Los pasajes bíblicos citados para apoyar la teoría carecen totalmente de peso efectivo para afirmar lo contrario.
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Enviado por lemusi el Viernes, 16 noviembre a las 09:59:34 (632 Lecturas)
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Guerra Espiritual: ¿Maldiciones Generacionales?
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¿Maldiciones Generacionales?
Pablo Santomauro
Poco a poco en el campo evangélico nos vamos acostumbrando a definir cosas inexistentes. ¿Cómo definir algo que no existe? De acuerdo a cómo lo han imaginado aquellos que dicen que sí existe. He aquí una definición básica: Una Maldición Generacional (ancestral o hereditaria) es un daño o perjuicio proferido sobre un individuo una o más generaciones atrás y cuyo efecto es transmitido a sus descendientes a través del tiempo.
Se supone que el individuo que está bajo una Maldición Generacional ha nacido ya destinado a cometer ciertos pecados, o es propenso a sufrir ciertos males o desgracias, y es dominado por un poder que ningún humano puede controlar. Es por ello que se necesita un poder mayor, el de Dios, para romper o cancelar la maldición.
Cosas como la pobreza, enfermedades, problemas de carácter y temperamento, infidelidad, inconstancia, pereza, alcoholismo, drogas, adicción sexual, depresión, negativismo, esterilidad, inestabilidad mental, obesidad, etc., de acuerdo con esta teología, son pasados de generación a generación en una familia. Los predicadores que trafican con las maldiciones generacionales, por lo general están involucrados en la moderna guerra espiritual con la que embaucan a muchos cristianos sin preparación bíblica. Ellos prometen liberarlo de demonios y romper o cancelar estas maldiciones supuestamente proferidas sobre sus antepasados y que han sido transmitidas a través de su árbol genealógico.
Estilos de vida perpetuados
Cierta autora que promueve esta extraña teología, lista una serie de declaraciones supuestamente formuladas por gente que está o ha estado bajo el efecto de una maldición:
Todos en mi familia han muerto a los 39 años.
Mis cuatro hermanas se han divorciado.
Mi madre fue infiel y a pesar de aborrecer esa actitud, tengo una relación con un hombre casado.
Mis hermanos y hermanas "han tenido que casarse".
Cada varón en mi familia ha sido alcohólico y mi hijo adolescente está bebiendo mucho.
No veo progreso en mi vida espiritual.
He sido despedido de cada empleo, o las compañías donde he trabajado han quebrado.
No puedo disfrutar la vida, porque siento que pronto sucederá una desgracia y así ocurre. [1]
La autora finaliza diciendo: "Para entender las maldiciones debemos darnos cuenta que estamos lidiando con fuerzas poderosas que no podemos ver y que nuestros sentidos no pueden entender."
En otras palabras, sin detenerse a pensar ni por un momento de que los males descritos pueden ser patrones de conducta adquiridos, un efecto "natural" de la Caída de la raza humana, una manifestación de la naturaleza pecaminosa del ser humano en general, hábitos de un pésimo trabajador en particular, o consecuencia de la crisis económica que predomina en el mundo, la autora del artículo determina automáticamente que las personas afectadas por estas cosas no son responsables de sus situaciones en absoluto, sino que son víctimas de una maldición que los alcanza desde el pasado en su línea generacional.
Influencia Parental, no "Maldición Generacional"
No cabe duda que por regla general el carácter de los padres , así como la influencia que ellos ejercen sobre los hijos, juega un papel primordial en la personalidad y la conducta de los hijos y sucesivos descendientes. En muchas familias podemos encontrar que el alcoholismo, por ejemplo, afecta a las diferentes generaciones, que en cierta forma sólo están imitando la conducta y los pecados de sus antecesores. Un padre borracho y jugador condena a su familia a la pobreza y una vida miserable desde todo punto de vista. Si los hijos imitan al padre, y los nietos al hijo, es claro que la pobreza y la desgracia se perpetuarán en la familia. Pero no se deben confundir los malos hábitos adquiridos por el ejemplo de los padres con una maldición que fue proferida por alguien y que debe ser rota por medio de una invocación especial pronunciada por un predicador especial.
¿Quién profiere la maldición?
Ante esta pregunta, los promotores de la doctrina de las Maldiciones Ancestrales tienen para contestar sólo tres opciones:
1) Un humano. El ejemplo más claro de un humano profiriendo una maldición es el de Noé maldiciendo y profetizando sobre Canaán (Gén. 9:25) y sus descendientes. En este caso, la maldición es enunciada por un profeta de Dios (pregonero de justicia) hablando directamente bajo la guía y la autoridad de Dios, lo que equivale a decir que fue Dios el que pronunció la profecía. Los descendientes de Canaán fueron los habitantes de la tierra del mismo nombre, la que finalmente fue conquistada por los israelíes quienes en el proceso eliminaron, redujeron y asimilaron, dependiendo del caso, a los canaanitas. La evidencia muestra que estas tribus fueron castigadas por su propio pecado, no el de su patriarca histórico. Algunos comentaristas de renombre destacan que el texto para nada implica que la maldición fue más allá de Canaán.
2) La segunda opción es que la maldición es proferida por Satanás mismo. El problema con esto es que cuando revisamos la Biblia, que debe ser nuestra guía en materia de fe y práctica, en ningún lugar vemos a Satanás o a sus demonios proferir maldiciones sobre las personas. Uno busca en vano para encontrar en la Escritura alguna instancia en donde el diablo y sus huestes tengan poder para traer males proferidos a manera de maldición sobre las personas y su descendencia.
3) La tercera opción es Dios. En realidad, en la Biblia vemos que sólo Dios tiene el derecho y el poder de invocar una maldición (Deut. 28:15-68), aunque en ciertas ocasiones concede a los humanos el derecho de pronunciarla, pero siempre con su aval (Gén: 27:29). Si bien cualquiera puede proferir una maldición con sus labios, de ahí a que se cumplan hay un largo trecho. El Proverbio 26:2 establece que una maldición dañina dirigida hacia una víctima inocente es totalmente inefectiva. El único que maldice de verdad, vale la pena repetirlo, es Dios. La maldición de Dios, aunque el término suene feo por la fuerza de la costumbre, es una revelación de Su justicia que afirma Su derecho a exigir completa obediencia de los humanos.
Una vez confrontados con las opciones, los proponentes de las maldiciones ancestrales no tienen más remedio que aceptar que el único ser de quien vienen las maldiciones es Dios, pero para justificar su metodología agregan, sin ninguna base bíblica, que son Satanás y los demonios los que se encargan de que la maldición perdure. En otras palabras, si me permiten el sarcasmo, Dios necesita la ayuda de los ángeles caídos para perpetuar la maldición.
La pregunta de rigor es, si Dios emplaza una maldición, ¿puede un humano cancelarla, sea cual fuere la fórmula que use para hacerlo?
Un concepto erróneo de maldición
El concepto de maldición que estos predicadores manejan está relacionado con los poderes mágicos ocúlticos y la superstición pagana, equivalente a un hechizo o un encantamiento que llevado al ridículo es similar al embrujamiento que convirtió al hermoso príncipe en un sapo. Este tipo de absurdidades no existe. La gente involucrada en la brujería, la santería o el vudú manejan estos conceptos mientras clavan agujas en un muñeco, le suenan la maraca al enfermo o bailan alrededor del "cliente" sacudiendo la pobre gallina.
Veamos cómo se define "maldición" en las propias palabras de aquellos que enseñan el concepto de Maldiciones Generacionales:
"¿Qué es una maldición? Es aborrecer, detestar, execrar, vituperar, condenar a una persona o cosa. Es atar a alguien con palabras o blasfemias. Una maldición es una fuerza demoníaca puesta sobre una persona o una familia a través de: palabras, o por voluntad y acción de alguien. Las acciones pueden incluir a los propios padres involucrados en actividades de ocultismo." [2]
Ignacio García comenta refutando esta definición:
"La primera parte (hasta antes del primer punto y seguido) es correcta, porque está copiada de un diccionario bíblico; el resto ya es de su propia cosecha. Agregarle incoherencias de su peculio a la definición, provoca que los MG (proponentes de las Maldiciones Generacionales) tengan dificultad para saber de dónde proviene la maldición. Porque por un lado apoyan su doctrina con Exodo 20:5, "...Yo visito la iniquidad de los padres a los hijos...", en donde es Dios quien habla, pero luego invierten todo y dicen (como en el párrafo de arriba) que ¡"la maldición es una fuerza demoníaca"! O sea: Dios maldice pero el diablo le gana a maldecir." [3]
El significado bíblico de "maldición"
Ya dijimos que el único que realmente se reserva el derecho y poder de maldecir es Dios. Pero una maldición de parte de Dios es totalmente diferente al concepto pagano-ocúltico de la palabra. El primer uso de la palabra hebrea ârarocurre en Génesis 3:17 (maldita será la tierra). Es un pronunciamiento de juicio sobre aquellos que quebrantaron un pacto. Maldición, en el contexto bíblico, es una expresión de la justicia de Dios que se aplica sobre alguien o algo como consecuencia de una decisión personal e intencional de desobediencia contra Dios, y que el hombre toma haciendo uso de su libre albedrío. Dios, entonces, pone distancia entre El y el pecado.
Ejemplo: En Deuteronomio 28, Dios establece las increíbles bendiciones que vendrán sobre el pueblo de Israel como resultado de la obediencia a los mandamientos de Dios (Deut. 28:1-14), y luego como contraposición expresa lo que ocurrirá como consecuencia de desobedecer voluntariamente esos mandamientos (Deut. 28:15-68), lo que es equivalente a "haber dejado a Jehová" (v. 20). Como vemos, una maldición de Jehová siempre conlleva el deseo de que el bien sea derramado sobre los que lo aman y le obedecen. No tiene el propósito primario de hacer el mal. Aún más, las maldiciones de Dios no excluyen la posibilidad de arrepentimiento por parte de la persona, sino por el contrario, son enunciadas con el fin de que evitemos pecar contra Dios.
¿Pasan las maldiciones de Dios a los descendientes?
Las maldiciones pronunciadas por Dios son directamente dirigidas a individuos o naciones por pecados específicos, jamás son dirigidas a los descendientes de una persona. El capítulo 18 del libro de Ezequiel es categórico respecto a la errónea idea de que los hijos pagan por los pecados de los padres. Los judíos sufrían del mismo error que los promotores de la doctrina de la Maldición Generacional. Dios les dice en Ezequiel 18 que ya dejen de creer en eso: "... el hijo no llevará el pecado del padre, ni el padre llevará el pecado del hijo ..." (ver también Jer. 31:29-30).
En realidad, parece increíble que Dios tenga que repetir un concepto que ya había impartido al pueblo judío siglos antes: "Los padres no morirán por los hijos, ni los hijos morirán por sus padres; cada uno morirá por su pecado" (Deut. 24:16).
En el capítulo 9 del Evangelio de Juan encontramos algo relacionado con el concepto que venimos tratando: "Al pasar Jesús, vio a un hombre ciego de nacimiento Y le preguntaron sus discípulos, diciendo: Rabí, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que haya nacido ciego? Respondió Jesús: No es que pecó éste, ni sus padres; sino para que las obras de Dios se manifiesten en él" (Juan 9: 1-3). Los discípulos de Jesús aun seguían aferrados al mismo error que los judíos en los tiempos de Ezequiel. Si en realidad los hijos pagaran por los pecados de los padres, ésta hubiera sido la perfecta oportunidad para que Jesús corroborara o expandiera sobre la doctrina. Sin embargo, su respuesta fue directa y fulminante. Prácticamente les dijo que se bajaran del caballo de tal absurdidad.
¿Apoyo escritural para la doctrina?
Por supuesto que los maestros de la Maldición Ancestral citan pasajes bíblicos para apoyar la enseñanza. El favorito es el siguiente:
"...que visito [Dios] la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos." (Éxodo 20:5).
Este parece ser para ellos el pasaje que definitivamente establece que Dios castiga a los descendientes de los pecadores. El problema es que:
1) La palabra "castigo" no aparece por ningún lado, ni aun en las repeticiones del pasaje (Ex. 34:7; Núm. 14:18; Deut. 5:9).
2) El pasaje usa la palabra ""visitar." En hebreo es "paqad"; significa "visitar, inspeccionar, interesarse en." Los rabinos judíos la traducen "... yo soy Jehová tu Dios ... que reviso la iniquidad de los padres sobre los hijos ..."
3) Los expertos que produjeron la versión Septuaginta del Antiguo Testamento del hebreo al griego usaron la palabra griega "episkeptomai", que significa "observar, supervisar, cuidar, examinar de cerca."
4) El pasaje se cita en forma parcial. El contexto es la prohibición de la idolatría por parte de Dios. La inferencia clara es que Dios visitará a las sucesivas generaciones de aquellos que cayeron en el pecado de idolatría para ver si continúan en los mismos pasos de sus ancestros. Esto es confirmado por la cualificación, "de los que me aborrecen." En muchos casos, los hijos y descendientes inmediatos continúan en rebeldía contra Dios. La advertencia no está dirigida a aquellos que andan en los caminos del Señor.
5) La palabra "maldición" tampoco aparece en ningún lado, ni aun en las repeticiones. Ellos quisieran ver la palabra "maldición" en lugar de "maldad", pero ni el lenguaje ni el contexto les permite forzar el concepto dentro del pasaje. La palabra de Exodo 20:25 es ‘âwon (generalmente traducida al español como iniquidad, maldad, culpa o pecado), mientras que maldición es ârar, como ya hemos visto.
Como vemos, tanto el castigo como la maldición sobre las generaciones venideras está ausente del pasaje. Otro error de los maestros de la maldición hereditaria es ignorar totalmente el resto del pasaje, donde se enfatiza la misericordia de Dios sobre los que le aman y guardan sus mandamientos. Esto, automáticamente cancela cualquier pretensión de que un cristiano esté marcado por una maldición ancestral y deba ser liberado de ella.
Estimado lector, no se deje embaucar por aquellos que le inculcan ideas de que usted ha sido afectado por una "maldición ancestral, hereditaria o generacional", "línea sanguínea familiar", "iniquidad familiar", "líneas de iniquidad", o cualquiera sea el mote que le apliquen a esta horrenda doctrina pergeniada por humanos, no por Dios. Usted, como cristiano, debe afirmarse en la verdad de que Cristo perdonó las iniquidades de muchos con su sacrificio en la cruz (Isa. 53:11).
¿Por qué esta doctrina es tan popular?
En primer lugar, digamos que aquellos que se convierten a Cristo en esta generación presente, traen consigo un pesado bagaje que la Nueva Era impuso casi inconscientemente sobre ellos. Si bien la Nueva Era como movimiento se diluyó a partir del decenio de los noventas, sus enseñanzas han permanecido y aun influencian a la gente por diferentes medios, televisión, películas, revistas, libros, música, educación pública, prácticas de la salud holísticas, etc.
Muchos libros de texto en las escuelas y aun universidades contienen referencias a prácticas ocúlticas que despiertan la curiosidad de los estudiantes. El paganismo resucitó de las cenizas en los ochentas para quedarse. Los temas de la dimensión oculta como la brujería y la magia donde se pueden manejar ciertas circunstancias y ciertos espíritus para crear una realidad propia y traer o detener el mal con poderes sobrenaturales obtenidos con fórmulas mágicas, hechizos, encantamientos, etc., son aceptados por la juventud como una realidad. Es fácil ver como una doctrina que apoya la existencia de tales invocaciones maléficas como las Maldiciones Generacionales, pueda ser creída por gente moderna. Copulado esto con la ignorancia bíblica que campea en ciertos círculos evangélicos, es natural que estos maestros cuenten con la credibilidad de los cristianos no discipulados propiamente.
¡Qué pena que no se les inculquen las verdades de la Palabra de Dios! ¿No es el cristiano una nueva criatura en Cristo y las cosas viejas pasaron (2 Cor. 5:17)? ¿No hemos sido librados de la potestad de las tinieblas y trasladados al reino de Jesucristo (Col. 1:13)? ¿Acaso no dice la Escritura que a los cristianos el maligno [el diablo] no nos toca (1 Jn. 5:18)? ¿Puede el diablo y sus huestes ejercer mayor influencia en un cristiano que la presencia del Espíritu Santo que mora dentro de él? ¡De ninguna manera! Mayor es el que está en nosotros [Dios Espíritu Santo] que el que está en el mundo [Satanás] (1 Jn. 4:4).
¿Puede el cristiano estar poseído por un demonio? ¡No! Las tinieblas no tienen comunión con la luz (2 Cor. 6:14). Los cristianos somos el templo del Dios viviente (2 Cor. 6:16). Esta es una referencia a la presencia del Espíritu Santo en nuestros cuerpos. El Espíritu Santo no se corre hacia un lado para hacerle lugar a un demonio. Walter Martin, el recordado apologista, lo ponía de esta forma: "Cuando el demonio golpea a la puerta del corazón del cristiano, el Espíritu Santo abre la puerta y le dice, ‘Mándate mudar’." A mí me agrada más la expresión "Vete al diablo." Claro, sólo para esta ocasión, no como parte de mi lenguaje habitual.
Otra razón para la popularidad de la doctrina de las maldiciones generacionales es que la mayoría de la gente, siguiendo la corriente de la psicología moderna, se rehúsa a aceptar responsabilidad por sus propias faltas y pecados. Los cristianos, en muchos casos, nos negamos a aceptar la verdad bíblica de que somos tentados de nuestra propia concupiscencia y ni aun el diablo puede obligarnos a pecar (Stg. 1:14). Hoy la iglesia, en gran parte, colabora en el plan de victimización de la sociedad moderna. Todo el mundo es una víctima, ya sea de las circunstancias, de nuestros padres, del ambiente, de la herencia genética, de la sociedad, etc., y si bien en algunos casos puede haber una medida de verdad en esto, la tendencia general es a pensar que nadie es responsable por su propia conducta. Esto no es verdad, de lo contrario la Escritura nos ha mentido en un sin número de pasajes que nos exhortan a una conducta santa, y que vamos a dar cuenta ante el Tribunal de Cristo. Dios no cree en el dicho "El Diablo me hizo hacerlo."
La motivación detrás de la teología
Al considerar que esta doctrina de las Maldiciones Generacionales surgió por primera vez en el decenio de los ochentas, luego de miles de años en que supuestamente los hombres y mujeres de Dios estuvieron en tinieblas con respecto a estas cosas, corresponde analizar las causas por las cuales ciertos predicadores la iniciaron y propagaron.
Este invento de los círculos carismáticos, neopentecostales, movimientos de renovación y de la confesión positiva, cumple una función muy importante. Antes, cuando oraban por la sanidad o la prosperidad económica de una persona y el individuo no sanaba o no mejoraba su condición financiera, le echaban la culpa a la poca fe de la persona o argumentaban que la persona estaba en pecado. Ahora, para no hacer sentir mal a la persona, le dicen que sus problemas se deben a una maldición heredada de sus padres o sus antecesores. !Magnífico! Por lo menos de esta forma no ofenden la sensibilidad del individuo por un tiempo al menos. Cuando luego de "romper" la maldición la persona sigue con su problema, de nuevo tienen que recurrir a la excusa del pecado o de la poca fe, pero ya han logrado mantener al incauto en sus redes por un poco más de tiempo, durante el cual, con toda seguridad, lo exprimirán con los métodos de sacar dinero que emplean en sus iglesias.
La guerra espiritual y la doctrina de la prosperidad van tomadas de la mano y son usadas por los mismos falsos maestros. Además, otras fuentes de ganancias para ellos son la publicación de una lista interminable de libros en el tema y las conferencias o seminarios para romper maldiciones hereditarias, cuyo costo no baja de entre los cien y doscientos dólares por cabeza en los EEUU.
Otra ventaja económica es que los diezmos de la congregación aumentarán en forma considerable una vez que se les impresiona con el asunto de las maldiciones. La autora de un artículo sobre maldiciones generacionales cita a Malaquías 3:8-9, "¿Robará el hombre a Dios? Pues vosotros me habéis robado. Y dijisteis: ¿En qué te hemos robado? En vuestros diezmos y ofrendas. Malditos sois con maldición, porque vosotros, la nación toda, me habéis robado."
Y luego comenta: "Qué importante es enseñar a los niños desde pequeños a diezmar y a los jóvenes que trabajan apartar su diezmo para Dios, esto ayuda a romper cualquier maldición de pobreza y ser apartado el enemigo de sus vidas y tener prosperidad." [4]
¡Vaya estratagema inteligente para colectar diezmos!
Conclusión
No encontré nada mejor para finalizar este artículo, que las palabras de René X. Pereira Morales, en referencia a unos de sus muy buenos trabajos:
"Espero que por medio de este escrito, muchos puedan abrir sus ojos y escapar de este sistema de superstición y misticismo que mantiene en ignorancia y atraso espiritual a muchos cristianos bien intencionados. Que puedan entender que hay más peligro espiritual en algunos predicadores, falsos apóstoles y pseudo-profetas de hoy, que en un árbol donde los indios adoraban a sus dioses o en una calle donde se traficaban esclavos." [5]
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Notas:
1) Descubriendo y Rompiendo Maldiciones , Olivia Vega http://www.ccc.org.mx/calacoaya/dominical/2004/10_07-mar-2004.htm
2) Descubriendo y Rompiendo Maldiciones , Olivia Vega http://www.ccc.org.mx/calacoaya/dominical/2004/10_07-mar-2004.htm
3) Maldición Generacional, Ignacio García, http://espadaymortero.iglesialatina.org/maldicion.htm
4) Descubriendo y Rompiendo Maldiciones , Olivia Vega http://www.ccc.org.mx/calacoaya/dominical/2004/10_07-mar-2004.htm
6) Los Peligros de la Guerra Espiritual, René X. Pereira Morales, Publicado en Apología Cristiana, Edición 9, Número 1, p. 8.
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Enviado por lemusi el Miércoles, 23 noviembre a las 15:26:40 (4221 Lecturas)
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Guerra Espiritual: ¿Atando y Desatando Qué?
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¿Atando y Desatando Qué?
Pablo Santomauro
Hoy en día es muy común el escuchar en las iglesias oraciones "atando y desatando" enfermedades, pobreza, demonios y hasta el diablo mismo. Para apoyar esta práctica se usan pasajes como el siguiente: "De cierto os digo que todo lo que atéis en la tierra, será atado en el cielo; y todo lo que desatéis en la tierra, será desatado en el cielo" (Mat. 18:18). Esta declaración del Señor fue dada en el contexto de disciplina dentro de la Iglesia. Las palabras "atar" y "desatar" eran populares entre los rabinos de la época y su significado primario era "prohibir" y "permitir"; en Mateo 18 equivalen a "disciplinar" y "restaurar." Aquel miembro de la iglesia que persiste en pecar debe ser separado [atado] de la congregación (1 Cor. 5:5), para luego en amor ser conducido al arrepentimiento y por consiguiente ser restaurado [desatado] (Gal. 6:1). Como vemos, las enfermedades, la pobreza y los demonios son totalmente ajenos al contexto.
Otro pasaje que se usa es Mateo 12:29, donde Jesús dice: "Porque ¿cómo puede alguno entrar en la casa del hombre fuerte, y saquear sus bienes, si primero no le ata? Y entonces podrá saquear su casa." Esta declaración de Cristo es parte de una ilustración usada para refutar la acusación de los fariseos de que él expulsaba demonios en alianza con Satanás. Jesús expresa en contexto que él es más poderoso que Satán, y establece que sus exorcismos son hechos en el poder de Dios. Sería equivocado concluir desde este pasaje que Cristo estaba estableciendo un patrón universal para ser seguido por los creyentes.
Nosotros alentamos a los cristianos a que se aparten del malentendido tan serio de Mateo 18:18 y 12:29 por las siguientes razones:
1) No es bíblico. La Escritura no enseña que "atar" y "desatar" es el método para resistir al diablo y sus huestes, sino la comunión con Dios a través de la oración, la lectura de la Palabra y una vida de obediencia.
2) La atención del cristiano se centra en el diablo en vez de Jesucristo; esto reduce la eficacia del creyente en la tarea del Reino.
3) En el terreno práctico no da resultados, como la experiencia lo indica. Alguien dijo una vez: "Si en realidad ataron al diablo, debe haber sido con una cadena muy larga." Y en verdad la experiencia indica que aquellas personas que son supuestamente "liberadas", deben ser "liberadas" muy a menudo, ya que incurren en las mismas faltas una y otra vez.
4) En cuanto a pobreza o enfermedad, la Biblia contiene principios que pueden gravitar en nuestro bienestar físico y material, pero en última instancia es la soberanía de Dios la que determina nuestra condición. Nosotros no controlamos esos aspectos.
Conclusión
La Escritura enseña que es Dios el que controla y limita los movimientos del diablo y sus huestes; también es él quien guarda a los creyentes del mal (Job 1:12; 2:6; Luc. 22:31,32; 2 Tes. 3:3; 1 Juan 5:18). Ciertamente llegará el tiempo en que Jesús mismo atará al diablo por 1000 años (Ap. 20:1-3). Luego del milenio, Satanás y sus huestes serán lanzados en el lago de fuego (Ap. 20:10). Jesucristo no necesita la asistencia del ser humano en esta área (o ninguna otra). Entre tanto, el antídoto para combatir al diablo no es "atar", sino "resistir firmes en la fe" (1 Pe. 5:9). Santiago 4:7 lo expresa claramente: "Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros."
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Enviado por lemusi el Martes, 11 octubre a las 14:31:16 (521 Lecturas)
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